La discriminación es compleja, pero el progreso comienza con el reconocimiento, la reflexión y la responsabilidad compartida.
QUÉ CONCEPTOS DEBO CONOCER COMO EDUCADOR
Podríamos pensar en la discriminación solo como casos de discriminación INTERPERSONAL, como el discurso de odio o el acoso escolar. Estas acciones discriminatorias suelen estar relacionadas con características personales como el género, la sexualidad, la raza, la etnia u otros identificadores sociales. En el capítulo anterior aprendimos sobre estas categorías sociales.
Es triste lo habituales que siguen siendo estos brotes en nuestras sociedades y en los medios de comunicación. Pero también es muy importante fijarse en formas más ESTRUCTURALES de discriminación, como las prácticas de contratación o lingüísticas. La discriminación, como fenómeno, está estrechamente relacionada con la historia global y con la forma en que se ha distribuido el poder político, social y económico en el mundo actual. La discriminación es un fenómeno complejo, y sus raíces se remontan a lo largo de la historia de la humanidad. Esta historia global, en la que ciertos grupos de personas son discriminados estructuralmente por otros, se denomina «sistemas de opresión», o lo que podemos reconocer de manera más informal como los «-ismos» (y un par de «fobias»). La discriminación se da en las escuelas y en la sociedad en general, y estos mundos no pueden separarse el uno del otro. Pero todos tenemos la posibilidad de contribuir positivamente a un mundo más igualitario y seguro. Para los docentes que trabajan para combatir la discriminación, las posibilidades son amplias y versátiles. Esta idea conlleva también una responsabilidad.
Reconocer, gestionar y transformar: esta es la combinación de tres verbos que permiten el cambio hacia entornos de aprendizaje más inclusivos.
A veces, la primera parte, el reconocimiento, puede ser la más difícil. Puede resultar incómodo admitir que, desde tu posición, no has sido capaz de ver algunos elementos discriminatorios que se esconden en el sistema o en sus prácticas. La capacidad de autorreflexión es necesaria y constituye una herramienta importante para todos los educadores que se proponen combatir la discriminación.
La realidad es que nadie puede COMBATIR LA DISCRIMINACIÓN por sí solo. Necesitamos aunar nuestras fortalezas procedentes de diferentes profesiones, y se requieren distintos tipos de conocimientos y enfoques si queremos transformar nuestras escuelas en espacios más seguros.
Por ejemplo, un director, un profesor y un psicólogo escolar desempeñan tareas diferentes y tienen roles distintos en una escuela. Pero la combinación de las posibilidades que ofrece la colaboración de estos profesionales es trascendental; brinda la oportunidad de abordar la discriminación desde un nivel institucional/estructural hasta un nivel interpersonal. Para un psicólogo escolar, la escucha empática puede ser una herramienta obvia en su trabajo. Los psicólogos conocen muchos tipos de métodos a la hora de trabajar individualmente con niños y jóvenes. Los profesores están más formados, por ejemplo, en enfoques pedagógicos y dinámicas de grupo. Un director puede reconocer los problemas a nivel institucional y sabe cómo iniciar este proceso de transformación.
¿CÓMO SE LO PUEDE EXPLICAR A LOS ALUMNOS?
La autorreflexión es importante para reconocer que no siempre nos damos cuenta de las acciones o prácticas discriminatorias que colocan a otros en desventaja. La discriminación no solo se dirige a individuos, sino que también puede ser estructural, afectar a grupos enteros y estar arraigada en relaciones de poder históricas, sociales, políticas y económicas. Dado que las escuelas son un reflejo de la sociedad en general, también pueden convertirse en espacios clave para promover una mayor igualdad y seguridad.
| MEDIDA | Convertir el reconocimiento en cambio: cuando se identifique un problema, acuerden un ajuste concreto (por ejemplo, cambiar un procedimiento, revisar una norma, adaptar un enfoque pedagógico) y evalúen su impacto a lo largo del tiempo. |
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